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Hecho ilustre por la prodigiosa vida y por el sepulcro de su fundador, Monte Cassino ha vivido, a lo largo de los siglos, una fecunda historia de santidad, de cultura y de arte, todo lo cual ha acrecentado su celebridad en el mundo entero.
Destruido hacia el año 577 por los Longobardos del duque de Benevento Zotone, el monasterio renace en los inicios del siglo VIII por obra del Bresciano Petronace sobre mandato del papa Gregorio II.
Se inicia así, para la abadía cassinés, un período de gran esplendor. Hasta él se llega el monje sajón Vilibaldo, el monje Esturmio discípulo de S. Bonifacio, fundador de Fulda y del monaquismo alemán, el duque Gisulfo II de Benevento, Carlomano hermano de Pipino, Ratchis rey de los Longobardos, Anselmo futuro abad de Nonantola. En el 787 llega Carlo Magno, quien le confiere grandes privilegios.
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En el año 883 los Sarracenos invaden el monasterio, lo saquean y lo incendian. Encontrarán la muerte en esta circunstancia numerosos monjes y el santo abad Bertario, fundador de la ciudad de Cassino medioeval. Los monjes que sobrevivieron se refugian en Teano primero y luego en Capua. Solo hacia la mitad del siglo X la vida monástica renacerá plenamente, gracias al abad Aligerno.
Durante el siglo XI se suceden grandes abades: Teobaldo, Richelio, Federico de Lorena, quien será más tarde papa con el nombre de Esteban IX:. Todos ellos elevan Monte Cassino a niveles de gran prestigio en el campo eclesiástico y político, alcanzando el momento de mayor esplendor bajo la excepcional personalidad del abad Desiderio.
Amigo y colaborador del papa Gregorio VII en la lucha por la libertad de la Iglesia, Desiderio abad y cardenal, será su sucesor con el nombre de Víctor III:. Durante su mandato será espléndidamente reconstruida la Basílica, y el monasterio se enriquecerá con códigos en miniaturas, mosaicos, esmaltes y tesoros litúrgicos de manufactura oriental.
En el 1349 ocurre la tercera destrucción a causa de un terremoto. Del estupendo edificio mandado a erigir por el abad Desiderio, no quedaron sino unos cuantos muros.
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Todo lo que hoy se ve, ha sido reconstruido sobre el antiguo módulo arquitectónico, según el programa del benemérito abad Rea: "donde estaba, como estaba".
Las variadas obras de reconstrucción duraron un decenio y han sido financiadas exclusivamente por el gobierno italiano.
Después de tantas vivencias, Monte Cassino puede verdaderamente representarse con la simbólica imagen de un roble que, aún cuando abatido por la tempestad, renace siempre con intacto vigor: "Succisa virescit".